Dificultades en Mauritania

El retorno de más de 4.000 refugiados mauritanos que han estado viviendo en el exilio en Senegal durante casi dos décadas se ha producido de forma tranquila, salvo por algunos casos donde se han producido tensiones por las quejas de los refugiados sobre sus nuevas condiciones de vida y por las dificultades en el momento de reclamar sus tierras. “Aún no hemos recuperado nuestra tierra ni nuestras propiedades que fueron robadas en 1989”, dijo una mujer fue repatriada a Boynguel Thilé, 225 kilómetros al sureste de Nuakchot, la capital mauritana.

Mauritania

En 1989 las autoridades se apropiaron de los terrenos de muchos refugiados cuando les expulsaron del país, obligándoles a huir a Senegal y a Malí, según informa IRIN.

La población que ha regresado a Mauritania han sido realojados en nuevos terrenos cerca de sus antiguas aldeas o se les ha pedido que realicen solicitudes para intentar ocupar de nuevo sus antiguas propiedades, negociando con los actuales propietarios, según informó Sidi Sow, prefecto de Rosso, en el sur de Mauritania, donde llegaron los primeros retornados en enero de 2008.

Pero en muchos casos estos terrenos ya no están disponibles para ellos. Este problema es especialmente agudo en Trarza, una región al este de Nuakchot. “Hemos tenido muchos problemas con la tierra en Trarza. Los retornados saben donde estaban sus tierras y cuántos acres tenían, y quieren que les sean devueltos rápidamente para que puedan volver a poner en funcionamiento sus cooperativas agrícolas”, dijo Angèle Djhossou, responsable del programa de repatriación de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Se llevará a cabo una investigación cuando se produzcan disputas y propondremos a la población que está ocupando la tierra que no le pertenece una serie de soluciones, aunque algunos de los refugiados aceptarán ser realojados en localizaciones diferentes a donde vivían hace 19 años”, dijo Sow a IRIN.

Pero para Moussa Fall, jefe de la organización no gubernamental Agencia Nacional para la Recepción y la Integración de Refugiados (ANAIR), es necesario un mayor compromiso de las autoridades locales, que deben cuidar que los retornados estén cualificados para explotar la tierra que les sea dada, ya que regresan a una de las zonas del país menos productivas, en el sur. “Tenemos que enlazar la disponibilidad de la tierra con la capacidad de la gente para explotarla”, dijo.

Además hay otros problemas. Algunos retornados que están esperando para ser realojados permanecen en tiendas de campaña suministradas por ACNUR. Pero una parte de las tiendas destinadas a Mauritania han sido enviadas a Myanmar para ayudar a las víctimas del ciclón Nargis. “Hemos decidido construir hangares, con el suelo de cemento para proteger a los animales, un perímetro de alambre y un techo prefabricado”, dijo Didier Laye, representante de ACNUR en Mauritania.

Algunos de los que han sido realojados en las nuevas casas dicen que las infraestructuras no son adecuadas. Diouldé Amadou, uno de los refugiados repatriados recientemente vive ahora en la aldea de Joudallaye, a las afuerzas de Boghé. “Solo tenemos un refugio de 20 metros cuadrados para mí y mis 12 hijos”, protestó. “La vida en N´Dioum (Senegal) era más fácil. Allí teníamos tres habitaciones”.

Pero Tfeil ould Sid´Ahmed, representante de ACNUR en la región de Brakna, al sur de Mauritania, dijo que la organización no podía asumir toda la responsabilidad. “Esta gente tiene que comprender que ya no son refugiados”, dijo. “Ahora son ciudadanos mauritanos en su pleno derecho y si están descontentos con algo, tienen que aprender a acudir a las autoridades locales, no sólo a Naciones Unidas”.

Pero no todo son quejas. Uno de los retornados dijo a IRIN que “con el tiempo todo volverá a estar en orden. Encontraremos soluciones a los problemas poco a poco. Antes no teníamos agua y ahora se ha instalado una fuente junto a la carretera. Tenemos que ser pacientes”.

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